Girona: de paseos y helados

Girona, helados, Rocambolesc,

Demasiada calor. El veranito del 2015 pasará a la historia por ser de aquellos en los que te despiertas a media noche sin aire que llevar a los pulmones. Pero vamos, eso se lleva bien.

A lo que iba. El sábado por la tarde, siesta en mano, vestido a punto y tacones en los pies. decidí ir a mi adorada Girona a dar un paseo con un solo objetivo, el de perderme por sus calles para acabar en Rocambolesc. El porqué de mi fijación no creo que ataña en este relato, tal vez forme parte de otra historia; el caso es que aparcado el coche y puesto el euro de rigor en el parkimetro, dejé que mis pasos fueran perdiéndose entre los adoquines de la ciudad. Caminé por el puente de piedra respirando esa suave brisa que influenciaba mis pobres pensamientos de turista: “hay qué ver que poca agua pasa por el Onyar comparado con mi visita anterior, en mayo, para disfrutar de Girona,Temps de Flors, y que carpas más grandes se vislumbran” por favor

Girona  Eva Romeu pont pedra  Rocambolesc

El Pont de Pedra-Girona- Eva Romeu

Mis reflexiones eran de lo más variadas. Sin embargo la que más me sorprendió fue la cantidad incontable de veces que he visitado Girona y aun hoy soy incapaz de acordarme del nombre de sus calles. Será porque siempre que voy, no me importa el tiempo ni el rumbo, y me dejo engullir por el ambiente animado del Call Jueu. Observo sus gentes y sobretodo las situaciones en las que se encuentran. Es un quehacer que me absorbe por completo. Este, y el de tomar fotos con el iPhone buscando la captura perfecta para colgar en Instagram.

Passar la tarda de dissabte a #Girona sempre és una inmillorable opció! 😍

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Llego a la calle Santa Clara, cuyo nombre me he obligado a recordar, cuando las tiendas de moda ya han cerrado y las dependientas pasan caja con unas ansias de libertad que atraviesan los escaparates. No hay prisa, solo capricho, así que acelero y a poco más de mitad de calle me encuentro con la heladería. Se ve pequeña  de juguete, sin muchos preámbulos y
bastante cola, entro para elegir el sabor de mi viajado helado.

Variedades y sabores habituales, precios asequibles, degustación en la calle, y el de manzana al horno que me puede y me seduce. Qué fácil soy, a veces. Infinidad de toppings de colores dispares, sabores desconocidos, texturas misteriosas y me dejo aconsejar, más por bloqueo mental que por razón alguna, así que salgo del local con un helado en tarrina, con galletitas de mantequilla y dos tipos distintos de trocitos de manzana. Está claro que lo mío no son los blogs gastronómicos, ahora debería acordarme de los nombres específicos de los toppings y aquí estoy, en pleno esfuerzo y nada. La cucharilla es muy cuqui, primer pensamiento al verla,  y después del postureo necesario, a saber: foto en Facebook del momento con su checkin de rigor y su texto, me dispongo a catar mi objetivo.

Sería cruel por mi parte finalizar aquí mi relato, aunque debiera. Para gustos, pantones.

Añadiré que proseguí mi paseo hasta una gran plaza, cuyo nombre he tenido que googlear: La Plaça de la Independència, y de allí al coche, se hace de noche y hay que cenar.

PD: ¡Espectacular!

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