Qué pasa cuando hace mucho que no escribes en tu blog

Claro. Así no se puede.

La causalidad hace que escriba poco. Menos de lo que quisiera, por aquello de caer en los topicazos. La realidad es distinta. Es un tema de prioridades. Como todo. Claro. Y así no se puede. No se puede tener un blog abandonado, porque el #personalbranding se resiente cantidad. Sobre todo en el alma, que es donde duele. Que la entrada con más visitas sea la de los canapés, me supone un cierto desconcierto y creo que acierto en pensar que haría el bien si compartiera aquí y ahora la receta de mi sabrosa y famosa a la par, tarta de manzana, o como yo la llamo, la tarta de 3. Receta que no contaré por mi resentido ya de por vida y comentado, personal branding. Lástima, con lo fácil que es.

Y te vas a Twitter. Y ahí buscas en la intimidad lo que Facebook niega en compañía, a saber: contenido original, bueno y novedoso. Sin resultados vuelves a Facebook donde el mundo parece pensar en un asunto sin puntos ni comas.

Saltar a Instagram da cierta grima a ciertas horas. Demasiados selfies de confianza confluyen con montes verdes, mares azules y cielos rojos. Flores de colores que alegran la retina y aburren el alma de pacotilla y aún así dan algo de vidilla.

¡Cielos, qué hora es! Habrá que apagar, dormir y soñar en navegar por rincones redondos, cálidos y pérfidos. Maquetaré tal vez mañana. No sin antes enviar a mi editor, la copia borrador de la entrada  de este mi abandonado blog.

Se os quiere.